Modelado, torno y esmaltado para principiantes y vecinos
El taller trasero no es un anexo escondido: es donde la galería produce parte de lo que después se ofrece al público. Allí se amasa, se tornea y se esmalta la cerámica utilitaria que aparece en la tienda pequeña, junto a las ediciones limitadas y las impresiones firmadas. La arcilla se trabaja en estado plástico, se deja orear y recién después entra al horno. Nada de eso ocurre en una sola jornada: entre el modelado y la pieza terminada hay tiempos de secado y de cocción que marcan el ritmo del espacio.
Los encuentros están pensados para quien nunca tocó un torno y también para vecinos que ya vienen trabajando. Cada sesión combina una parte de demostración —centrado, apertura, levantado de pared— con otra de práctica guiada sobre la pieza de cada persona. Los grupos son reducidos justamente para eso: que haya manos disponibles para corregir la presión, la humedad del barro o el espesor de una pared antes de que se desplome.
Se usan pastas de alta temperatura y esmaltes mates pensados para resistir el uso diario: tazas, bowls, platos y jarras que aguantan el lavado y el calor de la mesa. El esmaltado se hace en una segunda instancia, cuando la pieza ya pasó por su primera cocción y el barro está lo bastante estable como para recibir el baño sin desarmarse. Ahí se define el color y la textura final, y también se aprende a leer los defectos antes de que queden fijados.
Las piezas terminadas no se llevan el mismo día. Se retiran semanas después, una vez completado el ciclo de horneado, y esa espera es parte del proceso tanto como el torno. Mientras tanto, el taller sigue funcionando como espacio de producción vinculado a la muestra rotativa de obra emergente del litoral: la cerámica utilitaria dialoga con lo que se exhibe en sala y con el resto del programa de talleres abiertos.
Para conocer el resto de la programación de talleres y el enfoque curatorial del espacio, podés pasar por servicios o revisar los proyectos en curso.
El taller trasero es donde la galería deja de ser solo sala y se vuelve obrador. Ahí se amasa, se tornea y se esmalta la cerámica utilitaria que después aparece en la tienda pequeña, junto a las ediciones limitadas y las impresiones firmadas. Los encuentros arrancan con una demostración corta y siguen con práctica guiada sobre la pieza de cada persona. Los grupos son reducidos a propósito: conviene que alguien mire el torno por encima del hombro y corrija la presión de los dedos antes de que el barro se venza.
Antes de tocar el torno hay que sacarle el aire a la pasta. Se trabaja con pastas de alta temperatura, que perdonan menos el apuro pero aguantan mejor el uso diario. El centrado es el paso que más cuesta y el que más se repite: si la pieza no está centrada, ninguna pared va a quedar pareja después.
Cada participante elige si arranca con pellizco y churros o si va directo al torno. Lo utilitario manda: tazas, bowls, jarras, platos de poca altura. Las paredes se estiran con la yema, no con la uña, y se dejan reposar antes de retocar la base. La forma final no se busca en la primera sesión, se corrige en la segunda.
Los esmaltes mates son los que mejor resisten el lavado cotidiano. Se aplican por inmersión o con pincel grueso, cuidando que el pie de la pieza quede limpio para no pegarse a la placa del horno. Después viene el ciclo de cocción y las piezas se retiran semanas más tarde, cuando el horneado terminó del todo. No hay atajos ahí.
Antes de anotarte al taller de cerámica utilitaria conviene dejar claras algunas cosas: qué se aprende, qué se lleva cada persona y qué no forma parte de la propuesta.
El taller trasero funciona como espacio de producción continua de la galería, no como actividad recreativa aislada. Los encuentros se sostienen en el tiempo porque la cerámica utilitaria exige repetir el gesto: centrar el barro, abrir la pieza, levantar la pared. Quien llega esperando una pieza terminada en una sola sesión se va a encontrar con otra cosa. El aprendizaje se construye entre encuentros, y cada persona avanza según su propio ritmo dentro del grupo reducido.
Después del modelado y el esmaltado, la cerámica pasa por el ciclo de horneado. Eso significa que las piezas terminadas se retiran semanas más tarde, cuando el proceso se completó. No hay forma de acelerar ese tramo: el horno tiene sus tiempos y las pastas de alta temperatura necesitan su curva. Avisamos cuando están listas para buscar, y mientras tanto cada participante puede seguir trabajando en la pieza siguiente.
Trabajamos con grupos chicos a propósito. En el torno y en la mesa de esmaltado hace falta que alguien mire lo que está pasando con tus manos, corrija la presión o la humedad del barro y te devuelva una indicación concreta. Con demasiada gente eso se pierde. Por eso la inscripción previa es necesaria y los lugares se cierran cuando el grupo se completa, sin lista de espera improvisada.
Las piezas que salen del taller trasero están pensadas para usarse: platos, tazas, bowls, fuentes. Los esmaltes mates que aplicamos resisten el uso diario y el lavado. No buscamos objetos decorativos que queden guardados. Esa misma lógica ordena lo que se produce y lo que después aparece en la tienda pequeña de la galería, junto a las ediciones limitadas y las impresiones firmadas.
El taller está abierto a principiantes y a vecinos que quieran volver. Nadie necesita haber tocado un torno antes. Lo que sí pedimos es compromiso con el proceso: venir, ensuciarse, equivocarse y volver a empezar. La arcilla local perdona bastante, pero no reemplaza la práctica. Si la idea es probar una vez y ver qué pasa, mejor consultar primero la cartelera y las actividades programadas de la galería.
El taller trasero no es un espacio de acceso libre en cualquier horario. Se conoce durante las actividades programadas y en las visitas guiadas con reserva previa, sobre todo cuando vienen grupos escolares. Si querés ver cómo se trabaja antes de anotarte, esa es la vía. Para consultas puntuales sobre el taller de cerámica utilitaria podés escribirnos o llamarnos y te orientamos según lo que esté abierto en agenda.
El taller de cerámica utilitaria no tiene un equipo separado del resto de la galería. Lo llevan adelante las mismas personas que atienden la sala, reciben a los grupos escolares y ordenan la tienda pequeña donde después aparecen las piezas. Por eso conviene mirar esta página como una ficha de trabajo y no como un organigrama: lo que importa es qué se hace en cada jornada y con qué criterio.
La coordinación general está a cargo de Alma Osorio, que define el calendario de encuentros y decide qué piezas pasan del taller a la tienda. Ariadna Archuleta acompaña el trabajo de torno y modelado, sobre todo en las primeras sesiones donde la arcilla todavía no responde como uno espera. Micaela Ojeda se ocupa del esmaltado y del registro del proceso, esa parte menos visible que sostiene la continuidad entre una camada y la siguiente.
Armar el calendario del taller trasero, revisar qué se cuece y qué se guarda, y decidir cuándo una pieza utilitaria está lista para sumarse a la tienda de la galería. También recibe las consultas de vecinos que quieren anotarse por primera vez.
Trabaja junto a quienes se acercan al torno por primera vez: centrar la pasta, corregir la presión de las manos y entender por qué una pieza se abre o se deforma. Prefiere explicar sobre la marcha antes que dar una clase larga al principio.
Se ocupa de los esmaltes mates y de anotar cada horneada, con qué pasta se trabajó y qué resultado dio. Ese registro es lo que permite repetir una pieza parecida semanas después, cuando ya nadie recuerda los detalles de la mezcla.
Las piezas que salen del taller trasero no se producen en serie: son tandas cortas de platos, tazas y recipientes pensados para el uso diario. Van a la tienda pequeña junto a las ediciones limitadas y las impresiones firmadas, siempre en tiradas breves.
Si querés sumarte al próximo encuentro del taller o consultar por una visita guiada con reserva previa, escribinos y te contamos cómo sigue.
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